Sábado, 8:30 de la mañana, vuelve a sonar el despertador. Por qué? Si es sábado, no hay que ir a trabajar y hace un frío de perros!! Pues porque nos hemos planteado tomarnos más en serio esto de empezar con los entrenamientos. Así que nos ponemos en pie, para empezar con el desayuno, la ropa, las bicis…La bici!! La mía tiene la rueda de atrás pinchada, :(. Pues empezamos bien y todavía no hemos salido.

Me pongo a cambiar la cámara, mientras Rakel se prepara, y, ya de paso, arreglo la que se me ha pinchado, así mato dos pájaros de un tiro, por si las moscas. La verdad es que no me fío de la nueva cámara, porque es muy fina, y yo uso cámaras mas anchas, porque las reviento, y esto es literal. Estaré tan gordo?? Joder, me voy a tener que tomar más en serio lo de las dietas.
Nos vamos a Villarejo, zona de inicio del entrenamiento.

Por fin nos ponemos en marcha, 1 hora más tarde de lo que yo habría previsto, así que cambiamos la ruta que inicialmente había pensado hacer de unos 70 km, por otra de 50 km. Empezamos suave, como bien me dice Rakel, para calentar piernas. Cuando voy solo, yo, ni caliento ni nada, cosa que no se debe hacer, pero yo desde el primer momento voy como si de una competición se tratara. MAL, para quien lo lea. Una vez que teníamos las piernas calientes, empezamos a ir metiendo un poco más de caña.

A todo hay que decir, que la primera parte era más bien en descenso y llano, con lo que tampoco tuvimos que forzar mucho piernas. La parte más dura de estos 9 primeros kilómetros, fue la subida a Valdelaguna. Que se parecía mucho a Toledo, todo cuestas. Nada más salir de Valdelaguna, giramos a la derecha para ir dirección Chinchón, todavía con la pendiente de inicios del pueblo, hasta llegar a un punto, en el que todo el tramo era llano con pequeños picos de ascenso hasta que llegamos a Belmonte del Tajo, pasando por Colmenar de Oreja. Una vez en Belmonte, una pendiente descendiente donde le iba quitando el miedo a Rakel, ya que todavía no se acaba de encontrar muy a gusto en la bici de carretera.

Una vez entramos en Villamanrique, venía la parte más dura de toda la ruta, una subida de 10 km sin descanso. Aquí había que echar el resto, y así se lo dije a Rakel, que tenía que llegar a casa con la sensación de no poder mover ni las pestañas. Si sentía eso, es que había trabajado bien, sino, es que podía haber dado más de sí. Debe de ser que me hizo caso, porque en este tramo no me dirigió ni la palabra, ni un mueca de dolor ni atisbo de sonrisa alguna. Al llegar a la cima, la di un pequeño empujón en el culo y la felicité por el esfuerzo.

Ya solo quedaba un pequeño tramo de bajada hasta llegar a Villarejo de Salvanés de nuevo. Tramo que hicimos ya más bien relajados.
Ruta terminada, a ver si podemos ir cogiendo más forma, que en Febrero tenemos que empezar con rutas de más de 100 km.

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