Nos levantamos como siempre a las 7:30 de la mañana. Hacemos nuestras labores cotidianas de día: desayunar, asearnos, preparar mochilas y a emprender camino a las 9 de la mañana. Nos espera un día largo, pero cargado de ilusión, ya que esta es nuestra penúltima etapa. A ver qué tal se nos da. Se supone que es una etapa más o menos fácil.

Cuando ya llevábamos unos kilómetros, nos pasan los padres de Rakel con el coche, dirección a Santiago, ya que ellos no hacen escala. Esta noche, nos toca estar de nuevo solos en un albergue. Después de tantos días seguidos compartiendo con ellos las noches, se les va a extrañar, pero bueno. La primera parte del camino, transcurre en una carretera de pequeñas curvas rodeada de árboles y donde a mano derecha dejamos el río de Rimbambo dirección a Ribadeo.

A las afueras de Ribadeo, paramos en un concesionario de coches a almorzar. Teníamos que recuperar fuerzas. Ya llevábamos poco más de 20 kilómetros. Seguimos por toda la N-634 cruzando pequeños pueblos y siempre con el mar a mano derecha. Qué bien sienta, de repente, inspirar una buena bocanada de aire, y oler a mar, a limpio, a tranquilidad, a humedad.

Al rato y, después de una pequeña bajada, decidimos parar a comer en un restaurante al borde Mondoñedo. Yo ya sabía lo que nos esperaba, pero no quise decirle nada a Rakel, para no frustrarla. Así que nos comimos nuestros bocatas, fueron varios aunque pequeños, de embutido: lomo, chorizo, salchichón y queso. Siempre regados con una cerveza. Lo único malo que encontraba en estas paradas, es que ponerte a andar después de comer. Pero en fin, es lo que tocaba. Nuestro camino de rosas, acababa aquí. Ahora tocaba subir una buena pendiente.

Paramos un poco antes de llegar a Vilalba para comprar un poco de Aquarius, ya que a Rakel su agua no le sabía muy bien. Al salir le doy una pequeña sorpresa, que más que para ella, casi me la he comprado a mí, jajaja. Dos tabletas de chocolate blanco!!! Su cara lo dice todo, una sonrisa que más quisiera tener el firmamento por las noches aparece en su rostro e inmediatamente engullimos una tableta de tirón entre los dos. Estas cosas, son nuestros pequeños homenajes del día como recompensa a tanto esfuerzo realizado a lo largo del día.

Por fin llegamos al albergue de Vilalba. Nada mas llegar, nos hemos encontramnos con un monje tibetano, budista, franciscano…a saber. Con su traje y todo de esparto y capucha. Muy original el traje, pero la ducha no la conocia, porque olia…Mira que yo olia a rayos, despues de tantas horas montando en bici y la ropa sin lavar, pero olia mejor yo que el monje. O eso decia Rakel, jajaja

Llegamos a la habitacion, colocamos las cosas, y nos dimos una buena ducha. Nos bajamos a la planta baja y, mientras yo leía una revista sobre el camino, Rakel se echó una mini cabezadita, :). Después la di un masaje en la espalda, porque la tenía como una piedra. Menos mal que se llevó los trippies para el dolor, que sino…Cuando estaba terminando, vemos pasar a un chico con una pizza y se nos iluminan lo ojos, jajaja. Ya tenemos cena!!! Me levanto y le pregunto al chaval que la ha encargado sobre el listado de más cosas que tiene la tienda, el teléfono…y ya me pongo a hablar con él. Me ofrece su media pizza de queso familiar porque no puede mas (una familiar para el solo, pues normal, no tiene mi estomago) y una ensalada que no ha tocado, de lechuga, tomate, jamón serrano y queso, con la que tampoco puede.

Se une Rakel a la conversación mientras nuestra pizza vine de camino. El chaval nos cuenta su camino, el pobre va muy mal, y se larga a la cama. Sólo lleva dos días, ha recorrido 70 kilómetros y ya está cojeando. Pues no le queda ni nada. Nos quedamos con su media pizza, que me como yo, porque Rakel no puede tomar queso de vaca, la nuestra, su ensalada y nuestra ensalada de arroz. Rakel se come media pizza familiar americana y un poco de enlsada de arroz mezclada con la del chaval. Yo devoro el resto de cena que había. Me he puesto como el kiko. Madre mía!!!

Son las 22 y se palpa un silencio sepulcral en todo el albergue. Todo el mundo está acostado. O madrugan mucho o les gusta mucho dormir. Nos damos un masaje en las piernas para ver si somos capaces de relajarlas un poco y a la cama a las 23, que mañana nos espera un gran día. Nos espera Santiago, nuestra última etapa.

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