20110326 Boadilla – Presa de la Aulencia – Boadilla

Suena el despertador, esta vez, a las 8:30 de la mañana. Se nota que sólo vamos Rakel y yo a la quedada ya que nos levantamos sin ningún tipo de prisa, tanto es así, que salimos de casa a las 10:30 de la mañana con una parsimonia…y eso que dijimos de empezar la ruta a las 10 porque por la tarde teníamos celebración de su cumpleaños con sus amigos, :). Entre que paramos a echar gasolina y llegamos, nos dieron las 11:45 cuando quisimos empezar la ruta. Ya muy tarde, pero en fin, es lo que tiene no ir con prisas a los sitios.

Una vez en ruta, empezamos francamente mal, ya que todo el camino era por zona de monte, el día anterior había llovido y se notaba debido a la cantidad de barrizales formados a lo largo de todo el camino, con lo que nos costaba más de lo normal pedalear. Aún así, teníamos tantas ganas, que seguimos tirando hacia delante a pesar de la inclemencia del suelo. Al poco de empezar, primera caída de Rakel por culpa de los pedales de la bici, que no la dejaron sacar el pie al quedarse atascada en uno de los innumerables fosos de lodo de la ruta.

Durante los primeros 20 km de la ruta, lo único que nos encontramos en el camino, fueron fosas gigantes de lodo, barrizales y demás sinónimos que os podáis imaginar de la palabra barro, dureza y dificultad. Ya habían pasado 1h30′ desde que empezamos la ruta y esto no pintaba nada bien, no sólo por el terreno, sino porque íbamos con tiempo, mal rollito…Aún así, decidimos continuar porque pensamos que la cosa cambiaría más adelante.

Y así fue, pero sólo por momentos. En los primeros 30 km, antes de parar a comer, habíamos encontrado más barro que en las salidas de todo el año anterior. Increíble. Lo único que veíamos por el camino. Uno no se puede ni imaginar lo difícil que es subir un desnivel de 300 m en 3 km, cuando bajo sus pies lo único que se encuentra son impedimentos para estar subidos encima de la bici. De hecho, había tramos en los que estábamos más tiempo andando, o más bien patinando, que montando en bici.

Después de una subida continuada sobre un terreno algo más firme que el que habíamos dejado atrás, decidimos recuperar algo de fuerzas. La verdad es que las piernas las teníamos bastante fuertes los dos, pero lo que es la moral…Lo que más me impacta de Rakel, es su incansable sonrisa, es pegadiza y me paso todo el camino con esa cara de tonto enamorado…

Continuamos la ruta por terreno más firme, con lo que por momentos avanzábamos más rápido. Al poco, nos encontramos por el picadero, de ahí tanta huella de caballo, y girando hacia la derecha, comenzamos un descenso de trialeras y subi bajas bien divertido. Esto, por un momento, nos hizo olvidar del calvario que ya llevábamos a cuestas. Entre tanto giro a derechas y a izquierdas, tantas subidas y bajadas rápidas, nos olvidamos por un instante del barro, de las innumerables caídas que ya llevábamos los dos por culpa del barro y los automáticos de la bici, y de los dolores en las zonas del cuerpo donde nos habíamos golpeado en nuestras caídas.

Al final de esta zona tan divertida, nos encontramos con algo que no era tan divertido. Un río con mucho agua para cruzarlo sobre la bici, se hundía, o a pie, nos hundíamos. Así que tuvimos que cruzarlo sobre el puente, pero una odisea, ya que el puente era estrecho, y debíamos hacerlo con la bici a cuestas. Rakel se puso en el otro lado del puente, mientras yo cruzaba las bicis y después ella las dejaba donde podía en el otro lado haciendo equilibrios sobre la única roca que había para apoyarse y girando sobre sí misma. Así contado parece fácil, pero vaya tela!!!

No habíamos andado ni 10 metros y nos encontramos con la siguiente piscina. No, si hoy, lo que se dice limpitos, no íbamos a llegar a casa. Lo mejor de todo, es que siempre nos llevamos ropa de cambio y justo hoy, por alguna extraña razón, decidimos de no llevar, por vaguería. Esta no nos vuelve a pasar. Así, como pudimos, íbamos cruzando todas las charcas que nos íbamos encontrando.

Yo ya iba nervioso por el tiempo, no me gusta llegar tarde a los sitios, porque veía que avanzábamos lentamente debido al terreno y no me gustaba. Se lo iba comentando a Rakel, quien ya me dijo que no le dijera más veces ni la distancia que quedaba ni la hora que eran, por mentalizarse y no desesperarse como lo iba haciendo yo. Según íbamos pedaleando, yo iba viendo que cada vez quedaban menos kilómetros y todavía no había ni rastro de la presa. Después de una pequeña bajada y a unos 20 km del final de la etapa, nos encontramos con ella.

Desde donde estábamos, vimos una puerta, cerrada, la cual nos dio mala espina, eso quería decir que tendríamos que dar media vuelta, pero después de bajar yo los 34 escalones a modo de inspección, pudimos continuar marcha. El primer tramo, andando, debido al mal estado del terreno y a la pendiente. Poco duró la subida, con lo que subidos de nuevo en las bicis, intentamos imponer ritmo. Después de perderme dos veces, ni con GPS sé por dónde ir, :(, encontramos por fin lo que parecía nuestra salvación. Solo faltaban 10 km para llegar al final de la etapa y el camino que teníamos delante, era todo semi asfaltado y en bajada. Por fin algo que se ponía a nuestro favor. Aunque sólo fueron 3 km de bajada, fueron los suficientes para darnos un respiro y pensar que todavía podíamos llegar bien al cumpleaños. Ni de coña.

Siguiente impedimento. Otra vez terreno de monte, menos mal que no era barro, pero las piernas, aunque iban más o menos sueltas, ya llevaban 5 horas encima de la bici y no respondían igual de bien que al principio. Para colmo, nos encontramos con una par de perros ovejeros, que, si me hubiera dado tiempo, les hubiera sacado una foto para que vierais el miedo que daban. Cuando tu vas subido a una bici y se te acerca un perro que mide más de medio metro, con los ojos rojos, pero rojos, rojos, las venas bordeando las pupilas, unos colmillos que ni el tigre dientes de sable y que encima te persigue durante unos 300 metros, lo único que piensas es: “Jesusito, jesusito, que no me muerda, que sino la palmo”. Ya me veía tipo Sansón luchando cuerpo a cuerpo con el perro rebozándome por el suelo en una pelea encarnizada donde yo tenía todas las de perder, pero la imaginación al poder. Eso sí, reconozco que miedo pasé un rato. Y, Rakel, que iba detrás mío, perseguida por el compañero del mío, otro tanto de lo mismo. Entre tanto jaleo de perros y tanto miedo, nos volvimos a equivocar de camino, menos mal que cuando nos los quitamos de encima, pudimos mirar al GPS y ver por donde enlazar de nuevo para no perdernos y no llegar más tarde de lo que íbamos a llegar.

Más relajados, llegamos a otra zona asfaltada donde intentamos imponer de nuevo algo de ritmo a nuestras bicis, pero lo único que pudimos imponer es algo más de miedo, ya que nos encontramos de nuevo con otro perro, esta vez de presa, que nos hizo la misma que los ovejeros. Con la única diferencia es que esta vez sólo había uno y se cebó con Rakel. Mis gritos de fuera perro intentando llamarle la atención no sirvieron de nada. Hasta que no cruzamos por delante del dueño, un jardinero con una sonrisa que se la hubiera quitado a ostias si hubiéramos ido bien de tiempo por no sujetar a la mierda perro, no paró de seguir a la pobre Rakel, que estaba claro, hoy no era su día.

Ya sólo nos quedaban 5 km, eran las 17:45 de la tarde, todavía podíamos llegar, algo tarde, pero podíamos. Pero de nuevo, otra dificultad. Cruzar el parque de Boadilla. Otro barrizal más. Yo aquí no pude más y mi desesperación por no poder avanzar más rápido hacía mella en mis fuerzas. Me jodía más por Rakel, porque por culpa de la ruta, iba a hacer que llegara tarde a la celebración de su cumple con sus amigos. Encima, la pobre, se había llevado golpes por todos los lados, caídas tuvo unas cuantas…Menos mal que las cosas se las toma con humor y le quita hierro al asunto. Estábamos harto los dos del barro. La próxima ruta por asfalto. Pasamos por fin el parque y entramos ya en Boadilla pueblo, con asfalto bajo nuestros pies. A las 18:15, por fin, llegamos hasta el coche. Ahora, corre que te corre para casa, cámbiate y vete de marcha loca…

Conclusión de esta ruta: sufrimiento, risas, miedo, adrenalina, barro, astío, naturaleza, respiración…

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4 pensamientos en “20110326 Boadilla – Presa de la Aulencia – Boadilla

  1. Nunca imaginé sufrir tanto con el barro. Vaya terreno fangoso y asqueroso, en mi vida me había caído tanto por culpa del barro. Igual si no hubiera terminado tan amoratada de tanto golpe, la repetiría….¡¡pero en verano!! pero va a ser que…¡¡¡¡ nooooo!!!!!Punto negro para esta ruta, jejeje. Y para rematar…¡¡¡los perrooosssss!!!madre mía Nacho, me veía para rematar la faena, en el hospital por mordedura de esos cachorritos tan lindos :S. Lo importante de todo, es que terminamos la ruta, ¡¡prueba superada!!

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  2. La verdad es que aunque sea en verano no se yo, si las pendientes por las que pasamos a pie por culpa del barro, se iban a poder subir en bici, el río, el primer puente, después de la presa…Muchas cosas negativas en esta ruta.
    Lo único positivo las vistas, en mitad del campo…Eso no te lo paga ni la MasterCard!!!

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