Vía Verde del Tajuña

Sábado, 7:30 de la mañana, suena el despertador. Pero no toca ir al trabajo. Dónde vamos hoy? A la Vía Verde del Tajuña. Vía de 47 km que empieza en Arganda del Rey y acaba en Ambite. Según nos levantamos, como lleva siendo costumbre últimamente, miro por la ventana para saber si el Tiempo a vuelto a fallar o no. De momento, parece que vuelve a fallar. Eso es genial, porque no llueve.

Mientras Rakel se desespereza y estira los músculos de la espalda, la preparo el desayuno, con zumo de naranja incluido, y voy preparando mi comida y mi desayuno a la vez. Terminamos de desayunar y nos ponemos las pilas, porque tenemos que preparar todas las cosas: ropa de cambio para después de la bici, el desayuno, la comida, la ropa de la bici…

Llegamos a las 9:00 en el punto de encuentro como un reloj. En el mismo momento que estamos desmontando las bicis, aparece Miguel en la esquina, con su sonrisa de niño picarón y se acerca hasta donde estamos nosotros (hemos tenido suerte y hemos podido aparcar en la puerta del Metro de Arganda del Rey). Allí nos cuenta la buena nueva de Rocío. SUERTE!!!!

A las 9:30 empezamos nuestra pedalada por el camino. Promete ser fácil ya que no es un camino con mucho desnivel, pero di de kms, al que no estamos acostumbrados, así que a ver si aguantan nuestros traseros y nuestras piernas. Nada más empezar, nos encontramos con un grupo de ciclistas que viene desde Torrejón de la Calzada. Al principio, dudo de si adelantarles o no, se les ve que van a tirar, pero al final como yo voy en cabeza, tirando del pelotón (Rakel y Miguel), decido adelantarles e intentar poner pies en polvorosa.

Los primeros 5 minutos muy bien, iba cómodo, tirando fuerte, pero al rato, noto como me flaquean las fuerzas y es cuando los del grupo de Torrejón, nos adelantan. Es cuesta arriba. Como siempre, mis aires de competición, luchan contra mis limitadas fuerzas, con lo que intento pillarles. No puedo. Entonces aparece Rakel, me releva de la cabeza y se pone a tirar fuerte. Se nota que ha dormido bien, porque me cuesta seguirla. Al cabo de un rato y después de terminar toda la subida, larga, pero no muy pronunciada, consigue darles alcance. Ahora es mi turno. Es llano y cuesta abajo.

Empieza lo divertido para mí, todo llano y cuesta abajo, los puertos de montaña son para Miguel. Les vuelvo a adelantar algo ligerito, por ver qué pasa. Al momento, veo su reacción, hay pique. Mola. La bajada se traslada a un ritmo frenético de cambios de primer puesto. Parece que estamos en la vuelta ciclista, en la que cada poco tiempo se suceden los relevos entre el equipo de Torrejón y yo. Rakel y Miguel no sé dónde están. Estamos llegando a las pocas curvas del final de la bajada, voy en cabeza y ya saboreo mi pequeña victoria, cuando me adelantan dos “algos” follados. Rakel y Miguel. Que han pillado el rebufo de las bicis. Me cuesta pillarles, pero lo consigo al final del todo, cuando se encuentran con dos pivotes que dan acceso a Morata de Tajuña. Ellos frenan por miedo, o yo que sé por qué, pero mi locura hace que no frene y les paso siendo el primero en pisar el pueblo. Saboreo mi victoria, aunque leve, porque sino llega a ser por los pivotes, no les pillo. Conclusión: NUNCA bajes la guardia y des una carrera por vencida, hasta que no cruces la línea de meta.

Hemos hecho los primeros 15 km en 30 min. No está mal. Empezamos a hablar con los de Torrejón y ya llevan unos cuántos kms más que nosotros. Al final, optamos por seguir con ellos, ya que van a hacer el mismo camino que nosotros. Así que mejor. Fuimos todo el camino a un ritmo considerable (27km/h) de media. Eso hizo que nos recorriéramos los 47 km en menos de 2h, en una 1h45′.

Durante todo el camino, fui charlando con los diferentes componentes de su equipo. Así fue como me enteré que se habían apuntado a la 24Doce, como nosotros, al Soplao, …Vaya, resulta que todos los ciclistas locos nos apuntamos a las mismas carreras. Al final de los 47 kms, charlamos un rato mientras nos comíamos nuestro tan preciado y merecido desayuno: una barrita y un bocata de pavo.

Al poco, ellos se fueron, ya que tenían un buen trecho todavía y nosotros nos quedamos terminando nuestra comida. A los 20 minutos de descanso, levantamos ancla y nos fuimos de de vuelta a Arganda. Rakel, que se la notaba con fuerzas desde la primera hora de la mañana, se puso en cabeza y empezó a tirar del grupo, Miguel iba detrás y yo el último. Hoy, no era mi día, no les aguantaba muy bien el ritmo, iba muy forzado y así se lo hice saber a Rakel. Poco la importó, porque siguió tirando, :(. Aguanté bien hasta llegar a Morata de Tajuña, pero a partir de ahí, ya les dije, tirad sin mí hasta el coche, no me esperéis, porque vais más fuerte que yo. Menos mal que se lo dije, porque a partir de ahí, empezaba mi infierno particular.

Empezamos todos juntos, pero al segundo, Miguel con sus increíbles piernas, como si estuviera en llano, se puso a tirar millas, seguida de una Rakel irreconocible, ya que la última vez que salimos fue en Cantabria, y las tornas eran las contrarias, yo muy fuerte, ella muy floja. Que me esta pasando? Que mesta pasando factura? Tengo que estudiarlo. Así, poco a poco, les fui perdiendo de vista.

Empezaron a dolerme las lumbares, de tal manera que no me dejaba mantenerme sentado en la bici (me quedaban 14 km por delante) ni podía pedalear. Estaba acabado, sin fuerzas en las piernas y sin poder hacer nada ya que la espalda no me dejaba mucho margen…Malo, malo. Aún así, seguí tirando como pude intentando mantener una cadencia de pedalada, cosa que fue lo que me salvó.

Me era imposible darles alcance, pensaba que en la cuesta abajo podría darle un poco de caña y rasgar minutos a la distancia que habían puesto entre ellos y yo, pero qué va!! No pude ni pedalear en la bajada. Para colmo iba con una rueda medio pinchada (en casa me di cuenta que eran dos agujeros bien bonitos) y por no parar y hacerles esperar más, seguí tirando millas. Pedalear con una rueda casi el sueño, malamente. Aparte de destrozar la llanta, tienes que hacer más fuerza, por el mayor rozamiento y, de eso, yo no andaba sobrado.

Por el camino me paré un par de  veces para hacer unas fotos al camino. Estaba precioso. Los almendros florecidos a sendos lados del camino hacían del camino un paisaje fuera de lo normal. Acostumbrado a hacerlo en verano, que es un secarral…

Diez minutos más tarde finalizo la ruta, destrozado literalmente. Según veo a Miguel y Rakel, les pido disculpas por el retraso y me dejo caer literalmente al suelo, como si una de una manzana se tratara al caer del árbol por la gravedad. No podía con mi cuerpo, sobre todo con mi espalda, que había hecho añicos durante los últimos 15 km. Así, nos fuimos al coche a tomar una cerveza (fueron 3) y recuperar todo el líquido perdido, ellos en bici, yo andando.

La próxima ruta espero tener un mejor día. Hoy, he visto como me desmoronaba por completo. Lo único en claro que saco del día, es que todavía me siguen quedando agallas e continuar con mi objetivo, aunque el dolor supere mis fuerzas. Con el día a día, pasa lo mismo. Siempre la cabeza bien alta.

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2 pensamientos en “Vía Verde del Tajuña

  1. Cómo que no me importó dejarte atrás, jajaja, el próximo día me llevo el gancho para remolcarte, jijiji. Con todo el dolor de mi corazón, tuve que tirar millas porque las rodillas me estaban matando y encima se me estaba juntando con la leonera de mi estómago que lo tenia pegado a la columna de lo seco que estaba. ¡¡¡Pero si me parecía riquísima el agua con sabor a lejía del camel!!!jajaja menos mal que me pilló fuerte porque de lo contrario…. me hubiera quedado en Morata tomando unas cañitas, jejeje.

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